I
Hoy te escribo desde el sillón del hall de la habitación en la cual te encontrás internada, en plena incertidumbre de si te van a operar o no, pero realmente no sé si ese es el motivo porque el cuál te escribo, quizá porque hace un día estábamos de la mano en un recital o porque se supone que ayer fue la fecha que pactamos distanciarnos pero no sucedió y sin aviso, implicitamente, pactamos acercarnos. Se ve que algo de todo eso me tiene emocionado y hace que me anime a escribirte públicamente o quizá esto es solo otro intento de expresarte mi amor por medio de arte.
No puedo quejarme del confort del sillón, pero no estoy cómodo. Mi mente está inquieta analizando miles de posibilidades, trayendo recuerdos que junto a vos, en mí, se volvieron eternos. No niego querer estar envolviendote entre abrazos y acolchados sabiendo que todo ya esta bien, pero también me contenta saber que cuando las cosas se tuercen me das un lugar.
Te he dicho que desde que vi tu sonrisa sabía que te quería en mi vida, sé desde los comienzos que tu sonreír es sinónimo de lucha así como tu risa una oda a la libertad y que privilegio tengo de poder juntar nuestras risa al unísono para corear libertad, libertad de amor, de ser.
Deseo nuestras sonrisas juntas, conociendo las pirámides de Giza, probando cerveza en Brujas o recorriendo los pasajes de Praga. No importa el lugar del mundo, sos lo que más amo de él.
II
Hoy te vuelvo a escribir pero esta vez desde mi hogar, en unas horas te dan el alta, todo salió bien. Aunque dije que todo iba a ser así uno no puede evitar pensar que siempre algo puede salir mal, también recuerdo tu recorrido y la cantidad de veces que las cosas salieron mal pero no recuerdo una sola en la que te hayas rendido a esa decisión mayor, aunque el tiempo se nuble, ni la naturaleza misma supo ganarle a tu perseverancia.
Si creyera que existe el Cielo, afirmaría que sos un ángel. Nunca he visto tanta luz desplegada de un ser como con vos, ni tanto cariño incondicional.
Como unidad biológica somos fruto de nuestro árbol de experiencias y no puedo evitar pensar en tu abuela, de la que tantas historias me contaste, cuando siento tu amor sé que sos reflejo de lo que ella hizo por vos y aunque, lamentablemente, no pude compartir tiempo con ella siento vívidas tus historias narradas con tanta emoción, las madrugadas se volvieron eternas en tu compañía, en tus relatos. ¿Qué más puede querer uno teniendo tu compañía?
Me enamoraste, sé que por eso te escribo.
Uno de los episodios en el que me di cuenta de que me encontraba perdidamente enamorado fue una noche despejada en la que alcé la vista al empíreo y al mirar la luna me pareció reconocer tu sonrisa.
Mi cielo, siempre supiste encontrarme el punto correcto cuando divagué y espero saber devolverte todo lo que me diste, anhelo que siempre sepas decidir lo mejor para vos, deseo que siempre lo consigas.
Te aconsejo nunca olvidar lo inmensa que sos, no reducirte ante nada ni nadie y no olvidar lo hermosa que es tu felicidad.
De mi parte tenes mi eterno amor.

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